La amenaza nos alcanzó; el cambio climático ya está aquí

Contaminación, uno de los factores del cambio climático; en la imagen, el Cerro de la Silla a finales de marzo, cuando la contaminación alcanzó intensos niveles en Monterrey. Foto Reforma

Agencia Reforma

CdMx.- El cambio climático no es una amenaza futura de la cual haya que prevenirse. Ya está aquí. Sus efectos se perciben alrededor del mundo en forma de calentamiento atmosférico y oceánico, aumento en el nivel del mar, daños a especies o pérdida de biodiversidad. Fenómenos ante los que el País no sólo no está exento, sino sobreexpuesto.

“México tiene características geográficas que lo convierten en uno de los países más vulnerables al cambio climático en el mundo. Su ubicación entre dos océanos y su latitud y relieve lo exponen a una gran cantidad de fenómenos hidrometeorológicos”, advierte en entrevista Ana Cecilia Conde, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Aunque existe dificultad para afirmar con plena certeza qué de lo que ocurre en México se debe a esta problemática global, causada por el aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero -dióxido y monóxido de carbono, metano, óxidos nitrosos-, investigaciones sugieren un vínculo en efectos ya presentes, como el aumento, en los últimos 50 años, de 0.85 grados centígrados en las temperaturas promedio en todo el territorio nacional, expone la especialista.

Asimismo, continúa la doctora en Ciencias de la Tierra, la cifra de noches cálidas ha aumentado contra una disminución de los días más fríos, así como de las lluvias en el Sureste, lo cual impacta en la biodiversidad, el agua, los bosques y la agricultura, que es altamente dependiente de un patrón de lluvias regular.

“Ahí es donde observamos indicadores de que el cambio climático no es un cuento, de que el cambio climático no va a llegar: es algo que ya llegó”, apunta, por su parte, Rafael Loyola, director y fundador del Centro del Cambio Global y de Sustentabilidad, con sede en Tabasco, región que califica como “un laboratorio del cambio climático”, con afectaciones muy claras.

“(Se deben) establecer en el plan nacional de desarrollo próximo metas, responsables y presupuesto suficiente para cumplir los compromisos hechos por México para el Acuerdo de París 2015”.
Ana Cecilia Conde, doctora en Ciencias de la Tierra. Foto Especial

Cambios en las estaciones, precipitaciones pluviales muy fuertes, sequías, erosión costera, alteraciones en la reproducción de la fauna y acidificación de los océanos son otros síntomas del cambio climático en México, donde se estima que los fenómenos hidrometeorológicos ocurridos en las últimas décadas -tormentas, inundaciones, desplazamiento de tierra- sean más recurrentes e intensos por esta misma causa.

Escenarios posibles de una situación de magnitud global a la que México ha contribuido en menor medida que naciones como Estados Unidos o China, pero que no por eso es menos vulnerable a sus efectos.

Andamiajes y menesteres

Respecto a las acciones emprendidas para hacer frente a este problema, que a nivel internacional comenzó a discutirse no más de dos o tres décadas atrás, el doctor Loyola es enfático en su respuesta: “México ha hecho mucho, y casi no ha hecho nada”.

El sociólogo e historiador ubica en la primera década de este siglo, durante la Administración del ex Presidente Felipe Calderón, los actos de mayor trascendencia en el tema, pues ya no se hablaba sólo en términos de medio ambiente, como en el sexenio de Ernesto Zedillo con las contribuciones de Julia Carabias, su Secretaria de Medio Ambiente, señala.

“Empezó a construirse un andamiaje normativo para enfrentar el cambio climático. Calderón fue el primero que se preocupa y provee al País de una Ley General de Cambio Climático, de programas para enfrentarlo, de instituciones más ad hoc”, destaca Loyola, quien considera que el ex Mandatario panista pudo haber pasado a la historia como “el Presidente del cambio climático” si no se hubiera enganchado en la guerra contra el narco.

En el sexenio siguiente, con Enrique Peña Nieto, México no soltó el tema y se mantuvo presente en las discusiones internacionales y acuerdos, como el de París 2015 dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, donde se comprometió a reducir el 22 por ciento de sus emisiones de carbono para 2030, añade Fernando Aragón-Durand, doctor en planeación del desarrollo por el University College de Londres.

“Ha habido una creciente emisión de gases de efecto invernadero desde la época de la revolución industrial, resultado de los procesos de industrialización, de los procesos de transformación productiva, y se han venido acumulando”-
Fernando Aragón-Durand, doctor en Planeación del Desarrollo. Foto Reforma

Al interior del País, se ha promovido la generación de leyes estatales en la materia. Existe, por ejemplo, una Estrategia Nacional de Cambio Climático y se han creado instituciones o reconfigurado organismos ambientales, como el Instituto Nacional de Ecología, al que se agregaron las palabras Cambio Climático y se transformó en el INECC.

En Tabasco, la Secretaría de Energía, Recursos Naturales y Protección Ambiental desapareció para dar lugar a la del Bienestar, Sustentabilidad y Cambio Climático, mientras que el Instituto Municipal de Planeación de Morelia trabaja para abordar esta problemática dentro de la planeación urbana y territorial.

“México ha mostrado voluntad política en el tema”, reconoce Aragón-Durand, autor principal en dos reportes comisionados por la ONU al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Y en lo académico, la doctora Conde celebra que en las grandes universidades y centros de investigación del País hay equipos de expertos que cotidianamente abordan el tema, divulgan los resultados más relevantes e imparten cursos en diferentes niveles educativos.

Sin embargo, todo este andamiaje normativo, instituciones, instrumentos y esfuerzos poco pueden conseguir en tanto el tema del cambio climático no esté definido a nivel de políticas públicas transversales y planes de desarrollo, lamenta Loyola.

“Eso tiene que ver con una política de descarbonización, con una política de impulso a las energías renovables y una política ambiental de restauración y conservación de los espacios naturales”, puntualiza.

También implica sumar al sector privado y empresarial, cambiar regímenes de consumo, privilegiar el transporte colectivo sobre el particular -y que no sea uno contaminante-, la racionalización energética, cambiar equipos domésticos y, sobre todo, recurrir a nuevas energías: eólica y fotovoltaica, abunda.

Por su parte, Conde manifiesta la necesidad de fomentar la investigación interdisciplinaria con participación social, puesto que se trata de un problema ético y político, y no únicamente ambiental o físico en la naturaleza. “Por ello, se debe impulsar la llamada justicia climática”.

Mientras que para Aragón-Durand, profesor del posgrado de Ciencias de la Sostenibilidad de la UNAM, tiene que haber una transformación social profunda en todos los ámbitos de México, pero, sobre todo, en el significado que se le da al problema.

“No va a haber una eficiente implementación de políticas públicas hasta que no haya una construcción colectiva, compartida, de significados que nos muevan a reducir los gases de efectos invernadero, a adaptarnos al cambio climático, a reducir la vulnerabilidad.

“Una vez que se transforma el significado de algo, se puede detonar una acción colectiva”, sostiene.

A marcha de cangrejo

Cuando el Gobierno de Peña Nieto signó el Acuerdo de París en 2015, surgió entre los especialistas la pregunta de si México tenía la capacidad para asumir tales compromisos con fechas muy claras de reducción de emisiones de carbono.

Hoy día, de acuerdo a indicadores como Climate Action Track, la balanza se inclina a que es muy difícil que vaya a lograrlo, expone Aragón-Durand, en parte, por las intenciones de la nueva Administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

A decir de Loyola, por un lado es preocupante que el tema del cambio climático no aparezca en el discurso oficial del Mandatario -no así en algunos de sus funcionarios-, y, por otro, observa una tendencia al retroceso en acciones como la compra de carbón para las plantas I y II de la Comisión Federal de Electricidad en Nava, Coahuila, y en el plan para la refinería de Dos Bocas, Tabasco.

“Hay una política de petrolización nuevamente, cuando el mundo ya está entrando a la descarbonización. Entonces aquí resulta que vamos a regresar a los años 70 del siglo pasado para nuevamente petrolizar la economía, en lugar de hablar de energías alternas.

“En toda la política científica que se está diseñando en la actualidad, se tiene que hacer una apuesta en serio para que haya más investigación en el tema ambiental, para que se tomen más en serio los temas de cambio climático, y para hacer estudios más puntuales”.
Rafael Loyola, director del Centro del Cambio Global y Sustentabilidad.

“Uno se pregunta si México le va a entrar o no a retomar los acuerdos, a honrar los acuerdos, y si va a profundizar una política de cambio climático”, lanza el sociólogo e historiador.

Conde destaca que el Gobierno actual ha decidido dar un fuerte impulso a la plantación de especies arbóreas, lo cual es de gran apoyo contra la problemática global, pero los retos en la mitigación de emisiones de carbono son mayores.

“México ha comprometido ante el Acuerdo de París reducciones ambiciosas de sus emisiones. Por supuesto, el uso de carbón y el desarrollo de planes de refinación no son consistentes con sus compromisos, a menos que a la par acelere fuertemente una transición energética a fuentes renovables y limpias”, considera.

“Necesitamos, en materia de mitigación, que efectivamente haya una transición a una matriz energética de bajo contenido de carbón”, agrega Aragón-Durand.

Finalmente, Loyola, hace hincapié en que la magnitud del problema vuelve apremiante migrar el tema del plano “aspiracional y decorativo” a lo real.

“Hay que superar que el tema del cambio climático no sea un elemento decorativo de los gobiernos en los distintos niveles, sino que forme parte de sus respectivas agendas políticas y de desarrollo. Que sea una política real y que se la tomen en serio.

“Los europeos ya le pusieron fecha a 2050 para que no circule un sólo carro de gasolina y Diesel. ¿México qué está haciendo al respecto? ¿Vamos a regresar al petróleo? Mientras los otros están dejando las carretas tiradas por bueyes para meterse al vehículo mecánico, ¿nosotros vamos a seguir montados en ellas?”, cuestiona el experto.