Consecuencias de la deprivación afectiva

Fausto de Jesús Morfín Herrera

Los trastornos pueden agruparse en dos grandes bloques denominados externalización e internalización. El primero hace referencia a conductas cuyas consecuencias las sufre el ambiente: comportamientos agresivos, hiperactivas, delictivas y problemas sexuales. En el segundo se integran conductas neuróticas, esquizoides y obsesivas cuya primera víctima es el propio sujeto.
Los sujetos que sufren esta situación desarrollan un perfil de inmadurez que les provoca alteraciones comportamentales y dificultades de aprendizaje, cuyas características (por citar solo algunas de ellas) serían entre otras, las siguientes:
Trastornos emocionales, que están relacionados con la inestabilidad social y psicológica, presentando rasgos tales como: tensión nerviosa, falta de concentración, irritabilidad o cambios frecuentes de humor. Bajo rendimiento académico, desarrollo evolutivo inadecuado, desajustes en la personalidad, baja motivación, conducta inestable, e incluso, a veces antisocial y agresiva, hiperactividad, retraimiento, inmadurez, que dificultan el establecimiento de relaciones interpersonales
Desconocimiento de uno mismo, lo que induce a emprender empresas imposibles y a no arriesgarse cuando tiene posibilidad de éxito ya que desconoce su capacidad para actuar y sus limitaciones. Falta de madurez intelectual, el sujeto inmaduro es incapaz de procesar la información y desarrollar un aprendizaje significativo con el fin de enriquecer sus estructuras cognitivas y dar respuestas válidas, coherentes y eficaces
Inestabilidad emocional que se manifiesta en cambios bruscos de estado de ánimo. El inmaduro es desigual, variable, irregular, sus sentimientos cambian con tanta facilidad que no se sabe nunca como actuar con ellos. Mala percepción de la realidad lo que le lleva a desarrollar conductas de inadaptación tanto a nivel personal como a nivel social. Llegando a padecer trastornos psicosomáticos que se manifiestan, por ejemplo, en seguir “mojando la cama” en adolescentes de más de 16 años de edad, trastornos en el crecimiento y un largo etc.
Ausencias de proyecto de vida, sobre el amor, el trabajo, la cultura, etc. lo que le lleva a actuar de forma superficial sin metas, sin modelos, sin valores. Falta de madurez intelectual, el sujeto inmaduro es incapaz de procesar la información y desarrollar un aprendizaje significativo con el fin de enriquecer sus estructuras cognitivas y dar respuestas válidas, coherentes y eficaces.
Socialmente los niños que han sido privados de amor sufren desventajas cuando han de portarse en grupo, falta de asertividad ante los demás, tienen a ser poco cooperativos y hostiles, muestran resentimientos con agresividad, son desobedientes y otras formas de conductas asociales. Su comportamiento social se puede decir que es como si estuviera buscando llamar la atención de los demás. Suelen volverse dependientes en lugar de independientes en su conducta.
Todas estas reacciones emocionales y sociales desfavorables afectan de modo negativo a la personalidad del niño en desarrollo. El rechazo que siente el niño puede hacerle neurótico o con síntomas psicosomáticos… y llegar a la inadaptación social, a la predelincuencia y delincuencia juvenil.
El desarrollo neurótico de la personalidad es un trastorno muy relacionado con la inseguridad en si mismo que originan muchas veces las vivencias de privación afectiva, cuando se acumula de forma continua puede perdurar en la vida adulta en forma de síndromes neuróticos.

 

 

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