Guerra en Veracruz

Barandal Luis Velázquez

ESCALERAS:
Hay en Veracruz una guerra. Es la misma guerra del país. Aquella entre las corporaciones policiacas y los malandros. La misma guerra que en otros tiempos flagelara a Colombia.
El negocio de la droga. Y del secuestro. Y del huachicoleo. Y del cobro de piso. Y de la prostitución. Y de la venta de protección. Y de la prostitución. Y de los migrantes. Y de los asaltos a bancos y comercios. Y del robo de automóviles.
Una guerra que ya lleva, y para la desgracia social, más de doce años. Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

PASAMANOS:
En los días y noches de Morena que corren, la guerra alcanzó su más alto decibel el viernes 15 de marzo.
Fue en Tierra Blanca y sus alrededores. Los malandros emboscaron a la Fuerza Civil. Según las versiones, el tiroteo duró dos horas. Dos horas de angustia de la población civil.
Unos cincuenta sicarios contra los policías.
Un oficial muerto. Cuatro malandros muertos. Camionetas incendiadas. “El infierno tan temido” de que hablaba Sor Juana Inés. Un infierno que se ha perpetuado en la tierra fértil que es Veracruz.

CORREDORES:
En su tiempo, Miguel Ángel Yunes Linares y Javier Duarte lo decían así:
La violencia crece, inacabable, porque el gobierno de Veracruz y las fuerzas federales está combatiendo a los carteles y cartelitos.
Ahora, claro, y de entrada, podría repetirse la misma tesis.
Veracruz chorreando sangre en su escenario de la muerte: secuestros, desapariciones, asesinados, mujeres decapitadas, cadáveres cercenados, cadáveres flotando en los ríos y lagunas, tirados entre cañaverales y a orilla de las carreteras y en la vía pública, más fosas clandestinas.

BALCONES:
La vida en Veracruz sigue igual de ríspida y canija que antes. Muchas familias están migrando. Se han ido a otras entidades federativas. A la Ciudad de México. Incluso, a Estados Unidos, soñando con librar la violencia.
Ojalá.
Pero el grueso de la población aquí estamos. Y cada día se padece el infierno. Nadie tiene la vida comprada. Nadie está seguro de llegar a la noche. Así tenga, incluso, escoltas.
Es el signo del tiempo histórico. Y ni modo que en tres meses y días, el gobierno de la izquierda borre de un plumazo a los carteles y cartelitos.
Zavalita, el reportero de la novela “Conversaciones en la catedral” de Mario Vargas Llosa lo resumiría en cuatro palabras:
“¿Cuándo se jodió Veracruz?”

PASILLOS:
Hay cosas que resultan insólitas, quizá explicables, nunca justificables, ante el desempleo, el subempleo y los salarios de hambre.
El reporte oficial es que cada vez más sicarios y pistoleros mueren en el fuego cruzado por la policía.
Y al mismo tiempo, pareciera que los malandros integran un equipo incalculable, cuando y por ejemplo, 50 sicarios emboscaron a la Fuerza Civil en los alrededores de Tierra Blanca.
Inverosímil, por ejemplo, la capacidad de los jefes máximos, anexos y conexos, para tener tanto personal a su cargo, como si se multiplicaran igual que los conejos.
Además, dispuestos a morir.

VENTANAS:
Quizá el dinero fácil. Los mejores salarios. Acaso la bilirrubina. Vivir con el acelerador metido a lo máximo. La tensión cardiaca, como eje de vida. Pretender acabarse los días y las noches de un jalón. La vida loca le llamaría Ricky Martin.
El caso es que si los doce años de Felipe Calderón y Enrique Peña dejaron más de doscientos mil muertos, entre ellos, población civil (igual como sucede en Veracruz), el mayor número de muertos son malandros y policías.
¿De dónde, entonces, saldrán tantos malosos reclutados y en donde, caray, se incluyen a niños y adolescentes halcones?
PUERTAS:
El duartazgo dejó experiencia atroz.
La más grande fosa clandestina, no de Veracruz, no del país, sino de América Latina, en Colinas de Santa Fe.
Veracruz, un fosario, donde todavía hoy siguen apareciendo más fosas como en Veracruz, Boca del Río, Alvarado y Río Blanco.
Cientos, miles quizá, de desaparecidos.
La población civil, víctima de. “Daños colaterales” les llamaba Felipe Calderón reproduciendo la misma frase de George W. Bush sobre las guerras de Estados Unidos en el mundo.
La barranca de la muerte conocida como “La aurora” en Emiliano Zapata. La fama pública de “Los escuadrones de la muerte”.
Y la alianza, todo indica, de políticos, jefes policiacos, policías y malandros para desaparecer personas.
El dolor y el sufrimiento familiar siguen más vigente que nunca.
La guerra, “al rojo vivo”.

CERRADURAS:
Sabrá el chamán si estaremos condenados a vivir y padecer esta guerra que parece interminable, sin final.
Y si en Colombia soñaron con restablecer la paz luego del acuerdo entre el gobierno presidencial y las FARC, subsisten otras fuerzas ligadas, también a los carteles, dueñas del país de Gabriel García Márquez.
Pablo Escobar fue asesinado en Colombia por las fuerzas policiacas.
Joaquín “El chapo” Guzmán, el otro legendario capo, está preso en Estados Unidos, en espera, todo indica, de la cadena perpetua.
Pero el país, y por añadidura, Veracruz, en medio de esta guerra y que ahora encabezará la Guardia Nacional de AMLO, el presidente.
“¿Cuándo se jodió Veracruz?”.
Pero más aún, ¿por qué Veracruz, igual que el país, sigue jodiéndose?

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