Dolor y lucha compartidos

Jessica Ignot
El Mundo de Orizaba

Vivir con la tristeza de la desaparición de un hijo no es fácil; vivir cargando las tristezas de 350 familias más que perdieron a un hijo, un hermano, un esposo o un padre, es un acto de valentía.
Araceli Salcedo Jiménez tuvo que convertirse en una guerrera, no sólo para buscar a su hija sino al familiar de 350 familias más en la región de Orizaba y Córdoba.
El dolor de la desaparición de su hija Fernanda Rubí Salcedo Jiménez sustraída de un antro en Orizaba el 7 de septiembre de 2012, llevó a Araceli a fundar el Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba.
“De repente me veo sola y encuentro a otras mamás, y en este caminar ahora somos muchísimas. Tan sólo en el colectivo somos más de 350, pero no solamente es un colectivo, estamos hablando de que en el estado de Veracruz hay cerca de 16 colectivos, imagínate de la magnitud del problema si vemos en todo el país”, comenta.
Añade que se enfrentan a un grave problema; en primera porque no hay suficiente personal para que se pueda hacer una búsqueda inmediata de las personas que están desaparecidas, pero hay casos de larga data, hay casos de dos o tres años, pero también hay casos actuales, eso los hace caer en vacío sobre cuáles son prioridad.
“Aquí todos los casos tienen el mismo valor, pero de alguna u otra manera acudimos al llamado de todas aquellas personas que están pasando por una desaparición y que gracias a Dios ahora ya hay más vínculos y hay más personas que puedan apoyarlas, pues son las acciones más rápidas”, comenta.
Pero en los casos de larga data, por ejemplo el de ella que lleva 6 años y 7 meses buscando a su hija, se perdieron muchas pruebas y muchas pistas, lo que se tuvo que hacer de inmediato no se hizo, “desafortunadamente no tuve nadie a un lado que me dijera el ABC para seguir en la búsqueda de un desaparecido”.
A raíz de todo eso aprendes a mirar a través del llanto, relata, aprendes a saber que no solamente tú sufres, que hay muchas mamás que también están sufriendo, “Y de cierta manera yo siempre digo que yo me ocupo en todas aquellas mamás que creen en mí, yo me ocupo en ellas, en apoyarlas, en ayudarlas, en asesorarlas, en acompañarlas para no tener que preocuparme por mi”.
Dentro de este camino tan doloroso hay compañeras del colectivo, dice, que de cierta manera han obtenido paz, no podemos decir que es una paz total porque el que sus hijos hayan regresado o los hayamos localizado sin vida, no quiere decir que esa familia ya haya sanado ese dolor, muchas veces comentamos que en esta búsqueda ni siquiera queremos justicia, queremos encontrar a nuestros desaparecidos, queremos encontrar a nuestras hijas a nuestros hijos a nuestros hermanos a nuestros esposos amigos.
“Pero viene la otra parte de cuando encuentras, cuando empiezas a pasar un duelo o a vivir un duelo, te viene la sed de justicia, ahí es cuando viene por qué dices si lo localizamos, ya lo sepulta y ya sé dónde está, ya sé que no va a sufrir ya sé que no le va a doler nada ya no lo van a poder lastimar, sí, pero yo sí quiero que paguen, que paguen todas esas personas que le hicieron daño a mi hija. Yo creo que esa es parte de la justicia que tiene deuda nuestro Estado mexicano con todas las miles de víctimas en el país”.
“Yo siempre digo cuando termina el día: ‘Este es un día más por ti Rubí, no supe de ti, pero mañana será un nuevo día’; Mi fortaleza es mi hija”, comenta.
Hay una mami que le dice que ella es el puente entre la justicia y su verdad, a veces esas palabras le calan en el corazón porque, dice, no entiende como una mamá te puede agradecer después de que le encontraste a su hijo sin vida, “quiero pensar que más allá de haberlo encontrado, esa familia por fin va a poder tener un poquito de descanso, no puedo decir que tiene paz, pero al menos creo que ya no van a sufrir”.
“Yo Araceli Salcedo, a pesar de todo este camino, a pesar de todo este aprendizaje que no hubiese querido yo tener, a pesar de todo lo que hemos caminado y hemos construido, no estoy preparada para encontrar en esas condiciones a Rubí, yo no quiero encontrar a Rubí así, yo a Rubí la buscó con vida, sé que ya son 6 años y 7 meses, sé que cualquiera de los dos panoramas los tengo que enfrentar en algún momento, solamente pido aceptar lo que en ese momento Dios disponga para mí. Que si yo la puedo encontrar con vida me dé la oportunidad de volverla a abrazar, besar y decirle que es mi niña y que todos los días camina conmigo en mi corazón, que me de esa oportunidad. Y que si de otra manera no fuera así, solamente le pido que me dé la fortaleza para pedirle perdón a mis hijos por no haberles regresado a su hermana como ellos querían”.
“Día a día, minuto a minuto, segundo a segundo se vive con ese dolor, a veces la gente piensa que porque ríes ya olvidaste, pero el dolor también se transmite a través de una sonrisa, porque yo tengo que aparentar que estoy bien, porque no quiero que digan pobrecita, no, pobrecita Rubí, pobrecita ella que no hay quien la auxilie, que no hay quien la ayude, que no hay quien la regrese a casa, yo no, yo siempre y sencillamente soy su voz de ella y de muchos jóvenes que hoy están ausentes, y quiero ser esa voz que grite a los cuatro vientos que ellos existen, ellos son de aquí, que ellos están aquí porque muchas veces la gente le apuesta al olvido”, señala Araceli.
Señaló que sus hijos merecen ser recordados, sus hijos están presentes. En su casa, todos los días se nombra a Rubí, “Rubí desde que amanece hasta que anochece es nombrada, porque ella está presente y no puede ser olvidada”.