Cuando un hijo pasa por una depresión

DR. Fausto de Jésus Morfín Herrera

Perder una materia, pelear con los amigos o la pareja, no poder ir a una fiesta, una discusión con los padres, estrés, cambios hormonales, entre otros, son circunstancias normales por las que pasa cualquier adolescente en el mundo. Pero cuando su estado de ánimo tiende a empeorar, es hora de buscar ayuda.

La presión social, la autoimagen, la manera cómo se relacionan con los padres, la aceptación y el desempeño social son algunas de las situaciones que todos los adolescentes del mundo deben enfrentar. Los estados de ánimo cambian, a veces hay señales de rebeldía, pero no siempre se trata de asuntos propios de la adolescencia, tal vez esto haga referencia a un estado depresivo.
Antecedentes de una depresión adolescente
Agresión o acoso en la escuela o dentro dela familia
Abuso o maltrato infantil (físico sicológico o sexual).
Falta de destrezas sociales.
Timidez
Dificultades de aprendizaje.
Enfermedades.
Acontecimientos estresantes de la vida, como la pérdida de un familiar o por el divorcio de sus padres.

Tratamiento
Las opciones terapéuticas para los adolescentes con depresión abarcan:
Tratamiento complementario por parte de un médico general. Psicoterapia. Medicamentos antidepresivos (posiblemente).El tratamiento se debe acomodar al adolescente y a los síntomas. Las familias con frecuencia ayudan en el tratamiento de ladepresióndel adolescente.

Acompañamiento de los padres
Si la adolescencia requiere acompañamiento y comprensión, cuando un hijo está deprimido, la presencia y la compañía de los padres, de los hermanos, es tan vital como la búsqueda de ayuda sicológica e incluso médica. Las actividades deportivas, el desarrollo de hobbies como la música, el arte, o cualquier otro por el que sus hijos manifiesten interés pueden ser de gran ayuda porque permiten liberar tensiones, generar sentimientos de tolerancia y ayudarlos a superar las dificultades propias de la edad. Los deportes por ejemplo, por el nivel de competencia, enseñan humildad, son motivo de reconocimiento, vinculan a un grupo, entregan reglas y les ayudan a encontrar un lugar en el mundo.
Los jóvenes también suelen sufrir ante ello, ataques de pánico. Para ello se recomienda:comienza por aplicar técnicas de respiración; inhalar y exhalar lo más lento que puedas.Simultáneamente, pregúntate si el problema en el que piensas amerita tu angustia. Considera las posibles soluciones y afírmate en que no hay por qué temer; todo tiene una salida.

Otras recomendaciones son:
Piensa en el presente. Cuando el miedo llega hay que evitar pensar en el pasado (porque puede generar culpa o melancolía) y en el futuro (por la expectativa de lo que no se sabe). Realiza una actividad para distraer la mente y que la tensión desaparezca poco a poco. Es como tenderle una trampa al cerebro para que se olvide de lo negativo. Mira la situación como un desafío para darte cuenta de que no hay ninguna amenaza. Ponte metas para no desviar tu ánimo hacia el lado pesimista. Cuando tienes claro a dónde vas, reconoces lo que puedes lograr. Si se repite un ataque de pánico o estás sufriendo uno muy fuerte, acude a un especialista para empezar un tratamiento. Cuando haya una recaída, no te asustes. Es normal que pueda darse, pero hay que continuar.
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