Somos generadores de vibraciones

Una mejor manera de vivir
Tere Gómez Torres

Primera Parte

Hacia los años treinta, dos célebres hombres en Oriente lograron fotografiar las vibraciones del pensamiento ¡Y vaya que lo lograron, a través de muros de acero, en un experimento que ha sido repetido muchas veces desde entonces! Pero demostraron algo más, tal vez más importante…

Encontraron que cuanto más cargado de emoción estaba un pensamiento “más clara se veía la imagen”, fueron quizá los primeros en demostrar que existe energía magnética dentro de nuestros pensamientos, y que nuestras emociones son impulsadas por los pensamientos.

Sin embargo, lo que pasaron por alto es que, debido a que las ondas de vibración (emociones) que enviamos están cargadas magnéticamente, somos literalmente imanes vivos, por lo tanto atraemos constantemente cualquier cosa que esté en la misma frecuencia de longitud de onda.

Te pongo un ejemplo; cuando nos sentimos bien, con el ánimo en alto, llenos de alegría y gratitud, nuestras emociones envían vibraciones de alta frecuencia, que atraerán lo bueno hacia nosotros, es decir, cualquier cosa que coincida con lo que estamos enviando. Lo semejante atrae lo semejante.

En cambio, cuando experimentamos cualquier cosa que no nos cause satisfacción, como temor, preocupación, culpa, o hasta un pequeño disgusto, enviamos vibraciones de baja frecuencia ¿me captas?

Debido a que las bajas frecuencias son tan magnéticas como las altas, atraen cosas desagradables hacia nosotros, es decir cosas que nos harán sentir (vibrar) de una forma tan poco grata como lo que estamos enviando. Desagradable de ida, desagradable de vuelta. Es siempre una vibración semejante.

Así que, ya sea que enviemos acciones de alta frecuencia, de satisfacción, o vibraciones bajas, de preocupación, las que enviemos en cada momento serán las que atraigamos de regreso a nosotros mismos.

Somos generadores de vibraciones, por lo tanto, somos los imanes, la causa. Nos guste o no, nosotros hemos creado esas vibraciones y seguiremos haciéndolo. Somos de carne y hueso, pero ante todo y sobre todo, somos energía, “energía magnética”, lo cual nos convierte en imanes vivientes que respiran.

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