Ortiz, fanático de la lucha

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Córdoba

La noche porteña en Veracruz silbaba por el fuerte norte que la azotaba, mientras la quietud del lobby del hotel en donde se hospedaba el equipo del Monterrey era sacudida por la platica de Omar el Gato Ortiz, dando la entrevista exclusiva a El Mundo de Córdoba cuando el reloj marcaba las ocho de la noche de un viernes enteramente futbolero.
Afin a la charla el ahora acabado futbolista que esperara el final de su vida, supuestamente delictiva, detrás de las rejas de un penal en la tierra en donde nació, platico de sus sueños, de sus aficiones y adhesiones, en ese tiempo uno de los primeros deportistas en tatuarse el cuerpo con palabras mágicas o flores de todos tipos y colores, señalándose como afortunado en la vida de estar realizando el trabajo de portero, en un equipo profesional y tan querido para el como el del Monterrey.
Declarando a la vez ser admirador de la Lucha Libre Profesional mexicana, en donde llevaba en aquel tiempo de los años noventas, una gran amistad con el gladiador Blue Demon Junior, el cual poco a poco le enseñaba los secretos de ese deporte tan arraigado en nuestra nación, por el cual El Gato comenzó a sentir admiración desde que contemplaba en las salas cinematográficas las viejas cintas de Blue Demon, el apodado Demonio Azul por cierto nacido en el Estado de Nuevo León, en la población de García.
Blue Demon Jr fue hijo adoptivo del legendario enmascarado, por el cual Omar siempre sintió una notable admiración.
Ortiz también tendría palabras de agradecimiento para el entonces su compañero portero, el paraguayo Ruben Ruiz.