‘Fueron años de padecer’

Ana De la Luz
El Mundo de Córdoba

Desde caminar entre riesgos, muchas veces sin comer, cargando la máquina de escribir e invertir en sus traslados para el trabajo de campo sin recuperar su dinero, es así como recuerdan ex auditores del Servicio de Administración Tributaria (SAT) los inicios de la oficina que llegó a Córdoba en 1998, carente de tecnología y de un edificio propio.
“Nuestro horario se supone que era de ocho de la mañana a tres de la tarde pero nunca fue así; de pronto a la una o dos de la tarde me decían que tenía que moverme a visitar a algún contribuyente a Tepatlaxco y yo tenía que ver cómo hacerle”, compartió una de las ex trabajadoras que sumó 25 años de servicio.
La mujer junto con otros empleados despedidos, quienes omitieron su nombre por temor a represalias, recordaron que fue en los años 80‘s cuando comenzó a trabajar la oficina de la Secretaría de Hacienda Federal en Orizaba, en medio del hacinamiento y posteriormente en 1997 se creó la oficina del Servicio de Administración Tributaria (SAT).
En Córdoba, se instalaron por primera vez en un inmueble rentado situado sobre la avenida 11, entre calles 12 y 14. Años después fue reubicado al edificio de la avenida 1, entre calles 9 y 11 y en los últimos dos años fueron llevados a las oficinas recientemente clausuradas que tampoco eran propias, con una jurisdicción de 58 municipios, desde Tierra Blanca hasta Huatusco.
“La gente en las redes opina y nos dicen que somos flojos y que estando en funciones comíamos en los escritorios pero la realidad es que muchos de nosotros por más de veinte años no nos pagaban viáticos, entonces lo que podíamos gastar en comida, se iba en pasajes o en taxis”, señaló otra ex trabajadora.
Entrevistados mientras realizaban guardia afuera de las instalaciones del SAT, los inconformes, señalaron que hace décadas, las actividades las realizaban en condiciones precarias, donde el horario laboral era de membrete y la entrega al trabajo significó perderse la infancia de sus hijos, eventos escolares y reuniones familiares, en muchos casos.
“No sólo hay compañeros de Córdoba otros venimos de Orizaba, Ixtaczoquitlán, Río Blanco, Ciudad Mendoza, Nogales, Amatlán y Potrero. En mi caso, tuve que ingresar a la guardería y al nivel básico a mis hijos acá, siendo de Orizaba y luego pedir a una maestra que me los cuidara porque el trabajo siempre fue absorbente”, refirió otra mujer que trabajó también por 25 años.
Aún con sus pancartas y la firme decisión de mantener el bloqueo afuera de las oficinas del SAT, los ex empleados señalaron que para lograr su permanencia no sólo tuvieron cursos fuera de la ciudad, solventados con su dinero, sino además fueron sometidos a pruebas psicológicas, toxicológicas, al polígrafo y a un estudio socioeconómico. Pasaron años para que la tecnología llegar a sus manos, mientras, señalan que fue arduo caminar.
“Una ocasión me tocó ir a notificar a una empresa a la zona industrial; obviamente no quieren a la gente de Hacienda y no nos dejaron entrar, tuve que poner la máquina de escribir en el suelo y pedirle a gente que pasaba si aceptaba ser mi testigo de los hechos para asentarlo en el acta; a otros compañeros hasta la pistola les sacaban, fueron años de padecer como para que ahora nos boten de esta manera, es injusto”, aseveraron.