A 500 años del inicio del culto mariano en Veracruz

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Los relatos de la conquista esconden todavía muchos acontecimientos que definieron a nuestro país hasta el presente. Uno de los rasgos culturales más característicos es el culto a la Virgen María en cualquiera de sus numerosas advocaciones. Sus inicios están relacionados con Hernán Cortés y la conquista española de México.
En 1519 la expedición de Cortés se encontraba en una difícil situación en las playas frente a la Isla de Sacrificios. Decidieron crear un cabildo hispano que a su vez nombró a Cortés como capitán general y le ordenó conquistar Tenochtitlan. La maniobra legal les permitió justificar la desobediencia al gobernador de Cuba quien financió la expedición y les mandó a que solamente exploraran.
Luego conocieron a los habitantes de Cempoala. La ciudad no estaba habitada por totonacos, sino por tres diferentes grupos nahuas que convivían pacíficamente y compartían sus distintos cultos religiosos en un mismo espacio, el área abierta a los turistas actualmente en la Villa de Zempoala, municipio de Úrsulo Galván.
Los europeos no podían subir al Altiplano central a través del camino habitual. Las guarniciones militares aztecas en Cotaxtla, Cuauhtochco y Tepeaca los hubieran destrozado, además de que necesitaban alimentos, guías que conocieran el camino y apoyo para cargar el equipo militar. La alianza con otros indígenas era la única opción posible.
Los españoles salieron de Cempoala para visitar Quiahuiztlan, un alto cerro junto al mar donde estaban los sacerdotes que se comunicaban con una diosa, esposa del Sol, quien servía como oráculo para los pueblos de la Sierra de Chiconquiaco, los cuales en su mayoría eran de habla nahua, y no eran tributarios ni habían sido conquistados por los aztecas pero tenían miedo de su gran poder.
Fue una falsedad propalada por Hernán Cortés que Cempoala y los pueblos de la Sierra de Chiconquiaco estuvieran bajo la tiranía de Moctezuma y que entregaran tributos. Eso lo inventó para justificar la traición a su jefe Diego Velázquez, el gobernador de Cuba. Lo que sí ocurrió fue una alianza entre los españoles y los nahuas de Cempoala y Chiconquiaco según las costumbres indígenas.
Decidieron atacar un poblado llamado Tizapancingo, enemigo de los cempoaltecas, capturaron a un indígena, lo sacrificaron y se lo comieron como parte de los rituales; ocho españoles se casaron con mujeres cempoaltecas y en un templo de Cempoala colocaron la imagen de Nuestra Señora Santa María, una advocación de la Virgen María y dejaron a un soldado español como ermitaño, al cuidado de la nueva iglesia dedicada por un fraile mercedario, que fue limpiada y sus muros encalados. También se encendió un nuevo fuego utilizando velas, hasta entonces desconocidas en Cempoala.
La iglesia duró muy poco. En 1520 llegó Pánfilo de Narváez para capturar al traidor de Hernán Cortés, por órdenes de Diego Velázquez. Seguramente sobornando a los hombres de Velázquez y con un golpe de astucia, Cortés asaltó la Villa de San Salvador, fundada en Cempoala, y capturó a Narváez. Los últimos hombres que resistieron se refugiaron en una pirámide que era precisamente la iglesia establecida por Cortés, en el edificio que ahora se conoce como el Templo Mayor, el más alto.
El derecho de asilo en las iglesias, o “acogerse a sagrado”, existía en el mundo cristiano desde el año 397 cuando lo aprobó el emperador romano Arcadio y sustentado teológicamente por San Agustín como un “comune refugium”, a partir de los principios de misericordia, perdón e integración. Aun así, Cortés ordenó que se dispararan varias balas de cañón contra la iglesia haciendo para intimidar a los refugiados.
El sacrilegio de Hernán Cortés no se olvidó. Fue uno de los 101 cargos de la Audiencia de México contra Cortés en 1529, pero falleció antes de concluir el juicio. Después casi fue borrada la memoria de la primera iglesia en suelo veracruzano, dedicada al culto mariano.
Los apologistas de Cortés prefieren hablar de su piedad, como Solange Alberrro, en su texto “Hernán Cortés, heroico y piadoso”, en la que muestra una larga lista de sus actos de piedad y evangelización, pero que en realidad lo presenta como un fiel practicante del fariseísmo, la idea de que de algún modo se puede decidir individualmente lo que es justo para Dios, y no lo que dicta la Biblia interpretada por la iglesia, y eso incluye la exposición pública de los actos religiosos, probablemente uno de los pecados católicos más constantes y por lo tanto más condenados por la iglesia desde sus inicios.
La primera iglesia mariana en Veracruz suele olvidarse en favor de la controvertida, pero más piadosa, historia de Juan Diego y el obispo Juan de Zumárraga y eso ayudó al mito del Cortés “heroico y piadoso”, pero no resiste el menor análisis cuando se recuerda que tal fariseo ordenó los cañonazos contra una iglesia de Santa María. Tal vez para ocultar sus pecados, la primera iglesia no ha sido incluida en los festejos de Veracruz 500 años.

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