¡Cuiden al Presidente!

Rubén Calatayud

Un alto funcionario público es un ser muy importante y merece protección. Recuérdese que en México mataron a Colosio, a Obregón cuando cada uno era candidato seguro a la presidencia.
Ronald Reagan, primer mandatario de los Estados Unidos sufrió un atentado y uno de sus ayudantes quedó herido de gravedad e incapacitado de por vida. John F. Kennedy fue asesinado por no haber oído la preocupación general por visitar Texas.
El padre de La India, Gandhi, pacifista declarado, fue asesinado. Benazir Bhutto, presidenta de Pakistán, fue asesinada.
Josef Stalin se dice que fue muerto por su propia gente. Los dictadores latinoamericanos Rafael Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza sufrieron la misma suerte. La lista es más larga. También vale apuntar a León Trotski, heredero favorito de Lenin, que fue ultimado en México el año de 1938 y otros personajes importantes, enemigos políticos, periodistas, escritores, líderes y naturalmente, los capos de la droga.
Adolfo Hitler, en plena guerra, fue víctima de un atentado de sus propios generales. El general Eisrhuaur, en Paris, era esperado por un asesino cuando se dirigía en coche por su ruta acostumbrada y la cambió por pasar por otra calle; el general De Gaulle, después de la contienda, la salvó al agacharse para depositar un ramo de flores al soldado desconocido pues el famoso Chacal le falló el balazo.
Aquí en México Fidel Velázquez tenía seis ayudantes.
Actualmente en los estados son asesinados con frecuencia los alcaldes, los regidores, los diputados, funcionarios por sus rivales que, con los guardaespaldas viajan de un punto a otro; también los dirigentes cañeros, cafetaleros, etc.
Los crímenes nunca se saben quien los cometió, por cuestiones de seguridad. México es el país de los asesinatos.
El Presidente necesita ser altamente resguardado en todo tiempo; él pretende viajar en aviones comerciales pero aseguro que si Usted, lector o yo tomáramos el mismo avión comercial que López Obrador, preferiríamos perder nuestro boleto.

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