¿Di por qué?

Tomás Setién Fernández

Cumpliéndose ya 55 años del estreno del filme “Cri Crí el grillito cantor”, sigue convertida en la película mas nostálgica, como para despedir el año actual envestidos nuevamente como cuando éramos niños y soñábamos detrás de cada canción creada por hadas, gnomos y grillos violinistas, dentro del cerebro genial del que fuera compositor orizabeño Francisco Gabilondo Soler, ido de este mundo, pero nunca jamás olvidado en 1990.
La cinta, que narra su biografía, contó con un gran reparto encabezado por Ignacio López Tarso, dándole vida al genial compositor de Pluviosilla; alternando con Marga López como su amor imposible, que le llevó a componer “La Boda de los Palomos”’; Eduardo Alcaraz, el animador Carlos Amador y el niño Juan Antonio Edward personificando a Gabilondo en su edad infantil.
Dirigida por el chileno Tito Davison, la cinta biográfica de Gabilondo Soler, misma que los estudios de Walt Disney querían adquirir todos sus derechos, diciéndoles que no el inolvidable orizabeño tuvo una ligera participación en el filme dentro de un corto de dibujos animados estelarizada por los tres cochinitos y El Lobo Feroz, hecho que vino a reforzar la popularidad de dicha cinta enteramente recordable, viviéndose de igual manera los momentos cumbres y agradables de Soler, así como también sus penas y sinsabores, que lo llevaron a plegar su carrera y su bandera de capitán y general de los niños por siempre y para siempre, sobre todo debido a la irrupción de la Segunda Guerra Mundial; y al hecho de que los infantes poco a poco olvidaban los sanos y ejemplares juguetes, para llevar por delante armas de plástico de todos tipos y tamaños.
Refugiándose Cri Crí el manejo de su telescopio, en donde noche tras noche contemplaba un cielo mejor al que tenía como techo día tras día, hasta alcanzar su propia muerte.
No tocándole en vida al eternamente famoso músico la visión de un mundo totalmente descompuesto, en donde las armas empuñadas por casi niños son reales, causando muertes, dolores y penas.
Siendo lo mejor de su historia que generaciones y mas generaciones de infantes lo recuerdan, como le ocurrió a mi sobrina, hija y ahijada Natalia Setién Aguilar, la última noche navideña en donde evocó que su señor padre al cantarle el repertorio de Gabilondo le enseñó a amarle de principio a fin, lo mismo riendo cuando fue la i en la Marcha de las Letras en un festival de Kinder, como entristecerse un poco cuando guardó sus arreos del Ratón Vaquero, para recordar a sus seres queridos idos, pero nunca del todo a los compases de ¿Di por qué?