Fugándose con Paz

Talavera Serdán

Desde la primera escena nos ubicamos: mansión, vigilancia, chicas rebeldes, discusión marital, obviando que el marido (Julio Bracho) es abusivo, verbal y físicamente.
Ahora él está en Madrid, en las carreras de caballos tratando de cerrar un trato que añadirá más millones a sus cuentas bancarias como magnate hotelero, pero controlando todo a distancia. Antes, en México, a punto de dejar su residencia, el auto donde viajarían padre e hijo, estalla en llamas. La mujer teme por la vida de sus vástagos, naturalmente (aunque sobre todo las dos chicas están malcriadas y adoran al padre consentidor; el menor es sordo, obediente).
En México, sale de la residencia ella con los tres, con guardaespaldas adelante y atrás en autos blindados. En el camino, son interceptados, un guarura herido, ellos maltratados y aterrorizados, con la mujer en calma aparente afrontando la agresión.
Despojados de su ropa, cabeza cubierta, llegan a un predio alejado del caos citadino. Poco después caemos en cuenta que no han sido secuestrados: ella se está fugando, gracias a un plan elaborado durante meses con un ex guardia de seguridad que recibirá millones por este encargo.
Poco a poco iremos sabiendo de las humillaciones que Alejandro infligió por años a Magda, los golpes salvajes, aún ante testigos.
Mientras, de nuevo en Madrid, el padre entra en pánico. Le preocupan sus hijos. En otro lado de la ciudad, una dama de cierta edad y su hijo bueno-para-nada (le está pidiendo dinero para ropa), van al cajero. Sorpresa: su saldo favorable es de poco más de tres millones de Euros.
Así se desarrolla el primer capítulo de esta serie de 12, “Fugitiva”, rodada mayormente en España (el puerto de Benidorm es una sorpresa estupenda, con sus rascacielos y hoteles de lujo, y playas donde alguna vez se celebró un festival de la canción de donde salieron artistas como Monna Bell), con sólo actores locales (dos mexicanos, Bracho y Odiseo Bichir, enemigos a muerte, literalmente) muy convincentes, y continuos giros de tuerca donde nada y casi nadie es lo que parece, que nos lleva de asombro en sorpresa y la delicia de dos veteranas del cine hispano; Mercedes Sampietro, como la experimentada maestra jubilada, madre de Paz, y la gran Charo López (aún guapa, que me recuerda a la divina Fanny Ardant), la ambiciosa, inescrupulosa y manipuladora madre de Alejandro.
Sorprende ver a la una vez curvácea Paz en delgadez de cuidado, pómulos saltados que acentúan las ojeras, aunque aún bella y sufriendo lo indecible, sobre todo cuando descubierto el esquema de escape, los hijos la detestan y se rebelan (aunque se instalan en departamentos de lujo en hotel de primera, rodeados de adolescentes ricachones.)
Los hispanos Fernando Álamo (La Piel que Habito), como K, es pieza fundamental, con un inquietante cambio de actitud, y José Manuel Poga (Tobías) es el héroe trágico.
El thriller ofrece varias subtramas, y personajes nuevos no cesan de aparecer, agregando un giro nuevo que suele ser interesante (la aparición de la madre del infierno, es uno de ellos). En general la actuación es muy pareja, y tanto Julio como Odiseo tienen ocasión de lucir.
El creador de la serie y guionista, Joaquín Oristrell, describe “Fugitiva” como “la historia de 90 horas en vida de una familia sujeta a una situación extrema, en la que cada quién es responsable, con personajes encarando obstáculos constantemente y situaciones emocionales muy poderosas.”
La serie completa recién se estrenó en Netflix, y si ama el género suspenso, con gente y paisajes hermosos, y situaciones fuera de serie, aún a riesgo de suspender la credibilidad, creo que les gustará.