Papeles sueltos

Rubén Calatayud

Escribiré una carta a Dante Delgado ahora que es senador, para que si lo estima prudente y conveniente se llame oficialmente a nuestra patria México en vez de Estados Unidos Mexicanos.
Los gobernantes al dar el Grito del 15 de septiembre dicen tres veces ¡Viva México! a nadie se le ha ocurrido gritar Viva los Estados Unidos Mexicanos. Nuestros atletas, cuando van a las Olimpiadas u otras competencias, también portan en sus uniformes el nombre de México y no el de Estados Unidos Mexicanos; hacer esto en cumplimiento de la ley sonaría a copia y docilidad con los Estados con los Estados Unidos de Norteamérica, cuyos habitantes así se llaman estadounidenses.
El primero que en tiempos de la Colonia usó para los habitantes el nombre de mexicanos fue el sabio jesuita Francisco Javier Alegre y así se nos quedó.
Ahora que estamos en tiempo de profundos cambios se debe hacer la modificación, y paso a tratar ahora sobre la vida, pasión y muerte del Partido Revolucionario Institucional. Fue fundado por el presidente Plutarco Elías Calles con la sigla de PNR; después se llamó Partido de la Revolución Mexicana y finalmente PRI. La misma gata pero revolcada. Su función inicial fue acabar con los partiditos de ocasión y los pleitos por las elecciones. El PRI, a las buenas o a las malas siempre ganaba por sus costumbres de tamal y mapachismo descarado de los priistas que manejaban las casillas.
Hubo un tiempo en que en Xalapa se preocuparon por “adecentar” al PRI y nombraron presidente del comité local al Dr. Manuel Suárez. Yo fui su secretario y el maestro me llamó para que yo me encargara de cuanto había que hacer. Así, varios jóvenes fuimos convocados por el diputado Pepe Zúñiga en la CTM para rendir protesta y recuerdo entre los pocos que había estuvo Antonio S. Berlín.
Pertenecer al PRI era lo obligado, lo razonable, no ser priista era la nada.
Después corrió el run run de que yo sería candidato del PRI para presidente municipal; estaba confuso pero un amigo me aconsejó no aceptar la candidatura a un puesto de dos millones anuales de presupuesto parar pagar solo sueldos como policía, maestros, empleados, etc.
Los compañeros de comuna eran dos sujetos de mala fama y ya se me habían arrimado otros dos, uno que quería ser secretario y el otro tesorero. Le mandé una carta al gobernador y me fui a las ruinas de Palenque, Chiapas. La gente se sorprendió pues los anónimos de los aguilaristas apenas habían comenzado y mi novia se quedó esperando pues ya tendríamos para vivir bien tres años de casados.

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