Lara en el cine

Tomás Setién Fernández
Maestro en el arte de amar de una infinidad de mujeres en la pantalla, en donde siempre fue un perdedor ante Cupido, pero eterno vencedor en el arte de la composición de melodías desgarradoras, Agustín Lara, el eterno músico-poeta dentro del aniversario número 48 de su muerte (6 de noviembre de 1970), sigue reviviendo con sus canciones conservadas en los viejos acetatos de pasta.
Evocando aquella despedida que la gente entre millonaria y menuda del Distrito Federal le tributó en el Palacio de las Bellas Artes, en donde por vez primera fueron llevados los restos mortales de un artista, evocando que junto con el amigo de siempre José Luis Ruiz Ameca, uno fue de los miles de los dolientes que haciendo fila se llegó a unos cuantos centímetros del féretro, en donde reposaba el maestro.
Lara, el de las mujeres en el cine, con Lola Flores, en La Faraona; Sara Montiel, en Porque ya no me quieres; Elsa Aguirre, en La mujer que yo amé; Ninón Sevilla; Toña La Negra, Mujeres en mi vida, etc.
Lara, el de la fiesta brava y los pasodobles dedicados a los toreros (Silverio, El Soldado, Novillero, El Cordobés, Gitanillo), apareciendo junto con su música en la cinta Un domingo en la tarde, llevando el rol estelar Lorenzo Garza (1937), y siendo la cinta con argumento en el género taurino, luego Lara repetiría con Garza en el filme Novillero.
Evocando que el primer domingo tras la muerte de Lara, en la actividad de una novillada en la Plaza de Toros México, todos los espectadores cantaron de pie Granada, acompañada por la banda musical de la Monumental de Insurgentes.