Sobre los lectores arrogantes

Gino Raúl de Gasperín Gasperín

A propósito de mi anterior artículo, relacionado con la afición a la lectura, un atento lector me remite a un escrito publicado en “Letras Libres” en junio del año pasado, titulado “Contra la arrogancia de los que leen”, suscrito por Cristian Vázquez. Para quienes lo quieran completo, aquí va el vínculo: http://www.letraslibres.com/mexico/literatura/contra-la-arrogancia-los-que-leen#.WvXygVsM_pM. Para quienes prefieran una síntesis, el autor dice: “Entre los numerosos motivos que suelen hacer que algunas personas se sientan superiores a las demás, uno bastante frecuente es el de haber leído. Hay gente que cree que, solo por haber leído unos cuantos libros a lo largo de su vida, tiene mayor autoridad ética o moral que la gente que no lo ha hecho. No solamente minusvaloran sus ideas y opiniones, sino que además a menudo convierten a esas personas en objeto de burlas”. Según la RAE, un arrogante es un altanero, soberbio, en su primera acepción; en la segunda, un valiente, alentado, brioso; y, en la tercera, un gallardo, airoso. Y la palabra latina de la cual se origina la castellana añade ‘insolente, presuntuoso‘. Entendemos que el autor del escrito de marras quiere decir que muchas veces el que lee es arrogante en el primer sentido que le da la RAE y, si consultó el diccionario latino, en los últimos dos.
Para avalar su arriesgado párrafo inicial, en el primer tramo de su escrito el autor cita a Flaubert con aquello de que “el viajar nos enseña el insignificante lugar que ocupamos en este mundo”, y dice que “leer debería hacerte modesto también, ya que te permite advertir lo poco que sabes (,) cuando hay tanto por saber”. Pero de hecho, cuando un lector va a una librería, y creo que también un escritor, se siente anonadado ante tanto que no ha leído, o frente a tanto que se ha escrito. Me pregunto si habrá alguno que no tenga esta experiencia… A continuación justifica al no-lector: “Los motivos por los cuales muchas personas no leen -la mayor parte de la humanidad, por cierto- son muy variados. En general se trata de una falta de gusto por la lectura, con frecuencia debido a que ese gusto no tuvo oportunidad de ser desarrollado, en muchísimos casos a causa de condiciones socioeconómicas (pobreza, marginalidad, instituciones educativas deficientes, empleos que demandan mucho tiempo y esfuerzo físico, etc.) que lo tornan muy dificultoso o virtualmente imposible”. También me pregunto si habrá algún lector, o escritor, que diga lo contrario.
En el tercer tramo de su escrito, el autor cita a Juan Domingo Argüelles (Ustedes que leen, 2016): “Una buena parte de la gente que lee libros de manera asidua y con hábito irreversible está convencida de que todo aquel que no tenga ese similar comportamiento […] está moral y culturalmente incompleto y carece de ciertos elementos definitivos y definitorios para comprender el mundo”. En lo último, parece que Argüelles tiene razón, pero dudo de que alguien pueda pensar que quien no lee sea deficiente moralmente, pues la moral y la cultura no corren parejo. En esto estamos también en desacuerdo con el viejo Sócrates que sentenciaba “el sabio es bueno y el malo solo lo es por ignorancia”, y algunas veces oigamos decir, por caso: ¿cómo es posible que este doctor sea inmoral si estudió? O ¿cómo es posible que este cura sea inmoral si estudió religión? El comportamiento ético no va de la mano con el saber y de esto no hace falta dar ni muchas razones ni muchos ejemplos.
Finalmente, para no cansar al lector, el autor cita a Albert Béguin (Creación y destino, 1973): la vocación de leer “no confiere ningún tipo de superioridad: hay gente que tiene otras vocaciones; hay gente que no leerá jamás y que no vale menos que los que son ‘leedores’ casi de nacimiento”. Que va en el mismo sentido de lo dicho en el párrafo anterior. Decir de un analfabeta que por eso es inmoral o que vale menos es tan tonto como decir lo contrario. Y otra vez me pregunto: ¿habrá algún lector o escritor o cualquier persona sensata que piense así?
Claro, el autor multicitado termina diciendo: “La lista de beneficios de la lectura es extensa: favorece la concentración, la inteligencia, la empatía, el intercambio de información, hasta el desarrollo neuronal es diferente en una persona que lee. Leer es mejor que no leer”.
¡Ah, vaya! Habrá que decir que un arrogante, soberbio, insolento o presuntuoso ya lo es de por sí y en el haber leído uno o mil libros solo encontró el pretexto para su forma de ser. La lectura, como cualquier actividad cultural, es ajena a los defectos de quienes la practican.
Bueno, yo diría que un lector simplemente se siente orgulloso de su suerte…

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