Cordobeses extranjeros

Rubén Calatayud

¿Recuerdan mis paisanos a Salomón Gordon? Abrió hace años su mueblería alemana en la avenida Uno esquina con la calle Nueve; cuando vino la guerra mundial con la persecución de los judíos Salomón cambió de nombre a su negocio y luego pasó a un local de nuestra vía principal por largos años.
Era casado con Sarita y procrearon cuatro hijos varones y la familia se fue a la Ciudad de México para que sus vástagos se educaran allá.
El señor Gordon vino varias veces a Córdoba y se le veía junto con su amigo, el recordado Toño López Cabral.
Una conocida dama de la sociedad cordobesa me ha hecho saber que el señor Gordon, para demostrar su cariño y agradecimiento a los cordobeses obsequió, sin ser católico, una hermosa lámpara que está colocada en la parroquia de San José. Ese rasgo no se sabe; denota su respeto a una iglesia que no es la suya y que, habiendo vivido aquí algunos israelitas, éstos se fueron a radicar a México pero no se volvieron a acordar donde se les recibió sin distingos. Por Córdoba estuvieron los Servianski, los Katz, los Poplavsky, Eliezer Rafael, los Vilensky y otros más que nos olvidaron por completo.
Caso muy especial fue el de Mario J. Capón que fue presidente de los Padres de Familia de la Escuela Mascarón, en cuyo cargo hizo muy buen papel beneficiando al colegio y ayudando a Raquelito Guzmán, la directora.
Dignos son de recordar algunos cordobeses que hace años ya no están en esta vida y que han sido olvidados: el Alacrán Domínguez, adoptado así por su posición como catcher y Francisco -Panchote- Marure que cubría la primera base.
Recordemos también a Bonifacio, otro gran aficionado al beisbol que jugaba descalzo porque no había zapatos que le cupieran. Bonifacio, de humilde clase, acabó pidiendo limosna en la calle Nueva por donde estuvo el comercio El Globo de Tomasín Marquínez éste formó una familia modelo con su señora Feliciana.
Termino recordando al peluquero don Everardo Flores, a quien gustaba que se le llamara Everard Flowers y que cuando salía de paseo vestía a usanza de los jóvenes de los años XX: chaqueta a rayas, sombrero carrete y bastón. Don Everard tenía una clientela muy selecta.
Dejo para otra ocasión a don Prisci de la Rivieri, muy popular también.

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