Por la dignidad

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Tomás Setién Fernández
A Manera de Comentario

Algo más, mucho más substancial para el alma que el haber obtenido el boleto directo para la actividad del próximo Mundial de Clubes lo logró el equipo más mexicano que las enchiladas, el del Guadalajara, ya que tras vencer en tanda de penales, y casi con la lengua de fuera al nuevo azote de los escuadrones aztecas, el Toronto, logró el recobre de esa dignidad deportiva que por tantos años albergó al equipo todavía mas popular del balompié mexicano profesional, evocando que en aquellos tiempos, sobre todo los sesentas, que no cualquier hijo de vecina podía portar semejante casaca, solo destinada a los que presentaban curriculums y hojas de servicio de valientes, tesoneros, llenos de calidad, con el agregado de profesar un amor intenso a la propia patria que los vio nacer haciendo correr el balón.
Eran épocas de la defensas a ultranzas de México deportivamente hablando, combinando lealtades a un solo equipo eternamente recordable con el paso de los años, sirviendo de mucho el aspecto de las buenas relaciones entre patrones y jugadores, siempre partiendo el piñón al momento exacto y preciso, aquel que no le iba al Guadalajara era acusado de ser traidor a la patria.
Por eso, inclusive no jugando colosalmente, ni menos realizando un juego perfecto sobre la cancha del Estadio Omnilife, perdiendo el partido de vuelta de la final de lo que fue la actual edición de la Concachampions, para reencontrar el sendero del éxito en la tanda de penales, Guadalajara al momento de su festejo para nada incluyo la presencia de su tiránico patrón Jorge Vergara, al cual no se le vio cerca de la hoguera del triunfo de su propio equipo, ni con la célebre lupa del mejor detective del mundo Sherlock Holmes.
Solo los jugadores a los cuales se les debe mas de un año de premios constantes y sonantes, que se hicieron acreedores en pasados recientes, y el propio técnico el buenazo en todo Matias Almeyda, tuvieron cabida, voz y voto, en la noche maravillosa, en que parte de los jugadores mexicanos recobraron la propia dignidad, y el amor mas allá del deber, sobre una casaca inmortal.

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