Maestros de la jarciería

Son más de 60 años los que la familia de don Guillermo Alfonso Martínez Amayo se ha dedicado a la elaboración de sombreros y productos de palma, a poco menos de un mes de iniciar la venta en los principales comercios y mercados de todo el país de accesorios tricolor, este sector es uno de los principales productores que dan un toque único a la fiesta del 15 de septiembre.

Un taller con olor a palma quemada, decenas de sombreros apilados e hilos en cada esquina es el escenario que acompaña diariamente a más de 15 personas que colaboran a la realización de al menos 200 piezas diarias. Y aunque la demanda de estos accesorios ya no es la misma desde hace 10 años, el entusiasmo y legado de un padre trabajador fue la fuerza para seguir adelante.

Según el jarciero tehuacanense, las manos artísticas y creativas que colaboran con él han logrado abastecer principalmente a zonas del norte como Tijuana, Monterrey, Guadalajara y Aguascalientes, donde los mexicanos se sienten mucho más orgullosos de sus raíces, tradiciones y costumbres en comparación con los demás.

Aunque el panorama de este ramo no ha pintado bien, a comparación de 2016 la producción aumentó 15%, y es que las arduas jornadas laborales iniciaron a principios de año, pero después de septiembre se trata de “sobrellevar” el asunto y resistir a la baja demanda.

Martínez Amayo expuso que a pesar del talento con el que cuenta su equipo de trabajo, autoridades municipales se han encargado de restringir que vendedores locales tengan oportunidad de distribuir su producto de manera fácil.

La fabricación de sombreros de diferentes tamaños, estilos y colores es poco redituable, ya que los aumentos de hasta un 400% en la materia prima han generado que los precios de distribución suban y por consiguiente que esto afecte considerablemente, pero esto no impide que año tras año se busque acaparar más mercado y promover el trabajo local.

Uno de los estilos más solicitados previo al 15 de septiembre es el sombrero estilo Zapata, el cual se elabora con palma originaria de Juchitán, Oaxaca, el material se somete a un proceso de blanqueado pues la cinta es de color obscuro, posteriormente se prepara para “apretarla”, después pintar las cintas tricolores y finalmente diseñar el acabado pasando por más de cinco manos talentosas.

También se elaboran piezas totalmente bordadas, generando mayor fuente de trabajo para artesanas de comunidades cercanas a Tehuacán, quienes a punta de aguja y estambre les dan un toque especial.

Jennifer Carrillo

EL MUNDO DE TEHUACÁN