Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 11:1-4

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.
Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”.

Palabra del Señor.

Germán Alpuche San Miguel
El Evangelio de Hoy
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La fe y el saber relacionarse íntimamente con Dios es algo que se aprende, los discípulos han visto orar frecuentemente a Jesús, de ahí surge su iniciativa de solicitarle que les enseñe a orar. Orar no es lo mismo que rezar, implica una expresión más profunda del corazón, el contacto íntimo con este Dios que es Padre y que en su amor no está lejano ni ajeno a mi vida.
Cuantos padres se lamentan de la incredulidad e indiferencia religiosa de sus hijos y me pregunto ¿acaso aprendieron de sus padres a mantener esta intimidad con su Padre celestial? ¿vieron a unos padres en auténtica oración, es decir, viviendo esta intimidad divina?. Desgraciadamente la mayoría no hemos visto nada en nuestros padres, es por ello que la fe no se ha transmitido adecuadamente a las nuevas generaciones.
Jesús nos presenta este modelo de oración por excelencia, aquí se respira la disposición interior de un cristiano que su mayor preocupación es la gloria del Padre haciendo su voluntad, no es una petición en donde se piden bienes materiales ni que se nos libre de los problemas, sino que nos ayude a poner nuestra vida en su servicio.
La oración no nace espontáneamente, sino que es algo que se cultiva día a día como Jesús. Date tiempo unos instantes en este día para orar.

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