Historia, folclore y orgullo

Alejandro Tovar González*

Una vez más llega septiembre, las fiestas patrias y el ya palpable otoño, así como el inicio de la temporada de ingesta excesiva de calorías a través de diversos platillos y reuniones. Pero enfoquémonos en la fiesta del Grito de Independencia, celebrado por primera vez en 1845, siendo presidente José Joaquín de Herrera. En este periodo que toma alrededor de cinco días de “festejos”, se estima que muchos mexicanos podemos aumentar un kilo de peso corporal.
Demos un recorrido exprés acerca de la historia de nuestro querido país: Según la teoría más aceptada, los primeros pobladores llegaron a América hace aproximadamente 14´000 años provenientes de Asia (de ahí los genes mongoles de nuestra población), en busca de tierra fértil y un clima propicio; lo encuentran en lo que llamamos Mesoamérica. Las culturas prehispánicas van teniendo lugar hace 22 000 años y concluyendo hace 7 000 años. Es en este periodo donde podemos ubicar a Olmecas, Mayas, Zapotecas, Aztecas y Toltecas, como los más sobresalientes. Son los aztecas quienes se encargan de controlar gran parte del territorio de lo que hoy es México, con prácticas no muy lejanas a lo que hoy vivimos: invasión, amenazas, “derecho de uso de suelo” (tributo), asesinatos de los pobladores vecinos (Guerras floridas), entre otras prácticas. Cierto es que su avance tecnológico y científico es admirable, aunque una cosa no quita la otra.
En 1492 Colón “descubriría” América. Entre 1519 y 1521 Hernán Cortés conquista el Imperio Azteca, con la ayuda de las tribus oprimidas, en la conocida caída de Tenochtitlan, e impone la cultura española: Ayuntamiento, Iglesia, etc. Se da aquí el fenómeno de transculturación que origina el México que conocemos hoy y nuestra “raza” mestiza. No hay que confundirnos con este dato: No somos aztecas, somos mestizos (salvo minorías marginadas que sí tienen ascendencia prehispánica). ¡Y no tiene nada de malo serlo ni reconocerlo! Tenemos razones de sobre para estar orgullosos de los vestigios culturales de esta rica tierra pero no hay que perder la objetividad.
Pasarán tres siglos de virreinato, con sus conocidas prácticas de explotación y caciquismo, legado cultural muy practicado hasta nuestros días. En 1810, un grupo de españoles relegados, incómodos por ser considerados de segunda, hacen una revuelta para luchar por sus derechos y es cuando el cura Hidalgo toca la campana en la iglesia de Dolores, Gto. Y no grita: viva México, obviamente, pues no existía tal. Exclama “¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!”. Libera unos presos, toma un estandarte en un pueblo más adelante y su incipiente lucha detona el malestar social que once años después lograría la independencia, aprovechando la invasión de Francia a España; instituyendo, irónicamente, como emperador a un español (Iturbide). En teoría se buscaba la felicidad y el bien común; no sé si alguna vez se ha logrado o luchado realmente por esto.
Hoy debemos llenar no sólo nuestro estómago de pozole, tacos y tequila, sino llenar nuestro pecho del orgullo de ser buenos mexicanos. No el abusivo e irrespetuoso que busca sólo su bienestar y comodidad sino el ciudadano que lucha día a día por construir un mejor país. Esto es responsabilidad de cada uno y nadie está exento. ¡Sí, es tú responsabilidad y sólo tuya! No es la religión, la política o la iglesia. Con nuestros actos construimos nuestra sociedad y mientras no entendamos esto, no habrá mayor cambio. Independicémonos de la mediocridad, del analfabetismo, del parasitismo. Revelémonos contra la idiotez. Combatamos la corrupción. Pongamos fin a la violencia light tan permeada en nuestra sociedad. Construyamos hoy el país, la sociedad, la cultura, de la cual poder estar realmente orgullosos siempre, más allá de unas trenzas, una borrachera, un rebozo o unos bigotes artificiales.

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*Licenciado en Filosofía / Psicoterapeuta Cognitivo-Conductual/Doctorado en Psicología
Miembro de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, España

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