¿Y la contrarreforma educativa?

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Agustín García Márquez

Los días de las marchas magisteriales de 2013 se convirtieron en ofertas electorales y varios líderes que en aquellos años encabezaron la oposición a la reforma educativa ahora son funcionarios de elección de popular, con capacidad para efectuar los cambios, esta vez desde las mismas instituciones que crearon las leyes.
Sin embargo, los discursos y las señales contradictorias son indicadores de que no todos piensan lo mismo de la contrarreforma.
Por un lado, el mismo presidente electo el día 20 de agosto, en una conferencia conjunta con el actual presidente, afirmó que sustituirá a la actual reforma por otra elaborada con los maestros y padres de familia.
La duda es acerca de cuándo ocurrirá, si recordamos que el 17 de mayo, cuando aún era candidato, el ahora presidente electo les dijo a los empresarios de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), que no promovería cambios constitucionales en los primeros tres años de su gobierno, “vamos a dejar las reformas para mediados del sexenio”, según informó la Agencia AFP.
Es inevitable modificar el artículo tercero de la constitución, además del cuarto y el 73, en los que se encuentra el interés superior del niño como un principio constitucional que guía las políticas públicas educativas. Moralmente será muy difícil abrogarlo para pagar alguna deuda electoral, con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, o con la profesora Elba Esther, quien dice que no esperará otros tres años: “recuperé mi libertad y la reforma educativa se derrumbó”.
Otro aparente nudo contradictorio está en los líderes de la contrarreforma. Esteban Moctezuma, ex presidente de Fundación Azteca, una de las organizaciones de “la mafia del poder” aliada con el próximo gobierno federal, el 3 de julio declaró a MVS Radio que: “es importante evitar que cada nuevo secretario de Educación llegue con una nueva idea.
Necesitamos en México educación de calidad con equidad”, en la misma línea discursiva del “Acuerdo de Cooperación México-OCDE para mejorar la calidad de la educación de las escuelas mexicanas”, de 2010, el documento base de los ejes de la reforma educativa. Precisamente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), desde marzo actualizó su Perfil de la política educativa de México y apenas el día 22 de agosto su directora general llegó a México para defender a la reforma educativa en un foro que curiosamente fue organizado por la Secretaría del Trabajo.
Además de los discursos de la “mafia del poder” y de la presión de la OCDE, está el hecho de que Gilberto Guevara Niebla estará a cargo del área de Equidad para la Educación y es el autor del libro “Poder para el maestro, poder para la escuela. La explicación más completa y lúcida de la Reforma Educativa” (Ediciones Cal y Arena, 2015). El también ex consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, dice en su libro, entre otras cosas, que: “el primer objetivo de la reforma fue desmontar un sistema viciado y corrupto de redes de poder que se había extendido hasta el último rincón del aparato escolar y que generaba creciente inestabilidad e ingobernabilidad en el sistema educativo”. Todavía más, en entrevista para Radio Centro, el 10 de agosto señaló que la intención del presidente electo de cancelar la reforma educativa “es una expresión,en mi opinión excesiva, que busca desactivar al Servicio Profesional Docente, no a la reforma educativa en general.
Derogarla, echarla atrás imposible”. Dado que la reforma educativa fue la punta de lanza contra la corrupción en la administración federal que está concluir, y ahora llega otro equipo de gobierno cuya principal oferta en su campaña electoral fue acabar contra la corrupción, mantienen ese tema en común, además de la equidad y la calidad en la educación. Por eso, sí se pagarán algunos compromisos de campaña, pero las cuestiones de fondo no cambiarán.
Por ejemplo, del eje séptimo, la Reforma administrativa de la Secretaría de Educación Pública, nadie quiere eliminar el Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE), que evitó que algunos corruptos gobernadores continuaran jugando con los salarios de los trabajadores de educación básica y de las normales.
Por otro lado, se derogará la Ley General del Servicio Profesional Docente, pero a muy pocos les conviene ver las plazas bajo el control sindical, y la venta o herencia de los puestos de trabajo, y que el maestro leal al líder sindical tenga más posibilidades de progreso que el maestro mejor preparado y comprometido con el aprendizaje.
En ambos casos, tendría un costo electoral muy alto fortalecer a las corruptas redes de poder que menciona Gilberto Guevara, entregando la nómina magisterial a los gobernadores, y las plazas docentes a los sindicatos, al mismo tiempo que se pretende luchar contra la corrupción. Entonces, ¿y la contrarreforma educativa?

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